Si lo más básico acaba siendo lo más sofisticado… Menos mal que menos es más
Porque una cosa es ir arreglada y otra es salir de casa como si fueras a recoger un premio que nadie te ha dado. De eso ya hablaremos otro día.
Te pones el modelito imposible, el corpiño que te aprieta hasta los pensamientos con la cara de sufrimiento de María Antonieta, los tacones con los que ya sabes que vas a sufrir aunque esas tiras de hilo de oro se te claven y tantos complementos que pareces un escaparate con patas pero más mona.