Soy «un poco así». Y, como buena «soy un poco así», tengo algunas contradicciones que no pienso resolver.
Os resumo perfectamente el relato: Vestido blanco, calor, Mediterráneo y una mujer que no piensa explicarse.
Me encanta estar morena, pero no me gusta tomar el sol.
Quiero el colorcito, pero a ser posible que me lo dé la sombra.
Estoy deseando que llegue el invierno, pero me encanta estar tumbada en la playa. Sin que me molesten.
En agosto sueño con un jersey y en enero con una tumbona.
Tengo muchísimo calor, pero no me gusta el aire acondicionado. Me da frío y entro en pánico.
Me estoy derritiendo, pero como alguien lo encienda:
—¡Apágalo, que me estoy quedando tiesa!
Me encanta pensar que estoy a dieta porque creo que voy a adelgazar. Sin hacer dieta.
Aunque, en el fondo, lo que me encanta es creérmelo.
Porque comer, lo que se dice comer… tampoco voy a dejar de comer.
La dieta empieza el lunes. Y el lunes, como todos sabemos, es un día muy flexible.
Y si no, el siguiente.
Luego están mis momentos de inteligencia suprema.
—¿Dónde están mis gafas?
Busco en el bolso.
En el baño.
En la mesa.
En el coche. Y otra vez en el bolso.
Y las llevo puestas en la cabeza.
Pienso que pagar con la tarjeta es no pagar y después pienso que me la han clonado, cuando en realidad soy yo.
Pero mi favorito es cuando estoy enfadadísima:
—¿¡Dónde está el móvil!?
—Llámame. ¡Llámame a ver si lo encuentro!
Y mientras tanto, el móvil en mi mano.
Y nadie me iba a llamar puesto que estoy sola.
También tengo esa maravillosa capacidad de escuchar a alguien y responder:
—Claro, claro…
Mientras por dentro estoy pensando:
«No te doy la razón ni aunque me la demuestres con un PowerPoint.»
A mi plín.
Y ahí está mi verdadera filosofía de vida:
No siempre quiero tener razón.
No siempre quiero ser coherente.
No siempre quiero entenderlo todo.
A veces solo quiero estar guapa, sentirme bien, reírme de mí misma y seguir adelante. Tener salud, incluyendo la mental.
Porque quizá estar bien con una misma no sea tenerlo todo claro.
Quizá sea saber quién eres, aceptar tus contradicciones y no tomarte demasiado en serio.
Y si además llevas un vestido blanco, tienes el Mediterráneo detrás y las gafas en la cabeza… O puestas.
Pues ya está.
No me entiendas.
Solo quiéreme. 🤍
¿Os pasa? Decidme que sí.


