Tengo tantas cosas que hacer que, de repente, no hago ninguna.
No sé si es procrastinación o una nueva forma de organización emocional. Procrastinar la procrastinación. Un sueño.
Me siento, pienso en todo lo que tengo pendiente, me agobio un poquito… y entonces decido que lo mejor es descansar.
Porque, claro, después de pensar en hacer las cosas, una necesita recuperarse, y recuperarse de no hacer nada es de lo más cansado que hay.
Y así voy.
Posponiendo lo importante, haciendo lo urgente cuando ya no queda otra y dejando para mañana todo aquello que perfectamente podría hacer hoy.
He llegado a un punto en el que ya no procrastino.
Procrastino hasta procrastinar.
Y oye, cada una gestiona su tiempo como puede.
En fin… mañana empiezo. Bueno… pasado lo hablamos. Ya si eso.
No me entiendas, solo quiéreme.
