Lo básico es lo más.

Si lo más básico acaba siendo lo más sofisticado… Menos mal que menos es más

Porque una cosa es ir arreglada y otra es salir de casa como si fueras a recoger un premio que nadie te ha dado. De eso ya hablaremos otro día.

Te pones el modelito imposible, el corpiño que te aprieta hasta los pensamientos con la cara de sufrimiento de María Antonieta, los tacones con los que ya sabes que vas a sufrir aunque esas tiras de hilo de oro se te claven y tantos complementos que pareces un escaparate con patas pero más mona.

Y ahí estás tú: monísima, sofisticadísima… y deseando llegar a casa para quitártelo TODO. El sujetador o sostén ( que nos gusta esa palabra), lo primero ¿Os pasa?

Porque mientras sonríes por fuera, por dentro estás pensando:

—¿Cuánto falta para ponerme cómoda?
—¿Dónde están mis botas de montaña?
—¿Y ese pantalón que no combina con absolutamente nada, pero con el que puedo respirar?

Y entonces descubres la verdad:

Unos vaqueros, un top básico, unas zapatos cómodos y cero sufrimiento.

Al final, lo más sofisticado es sentirte tú. Libertad.
Y si además puedes respirar… ya es alta costura.

No me entiendas. Solo quiéreme.