Voy sobrada de dignidad, no me falta detalle y estoy obsesionada con mi cuerpo. Sí, yo, pero no soy una divina, qué más quisiera, no tanto serlo, como disfrutar de la inmunidad que poseen frente a todo, por el simple hecho de ser Diosas.
Es el ejemplo de, esas mujeres, que no deberían existir, porque son malignas y despiadadas para el resto; me refiero a las «tías buenas monísimas». Es una desesperación, porque, últimamente proliferan por todos lados y por más que duermas ocho horas, por más que te bebas dos litros de aguas y por más que hagas tanto deporte, jamás serás como ellas. Al menos yo, así que algo no debo estar haciendo bien, o, si lo estoy haciendo, lo hago muy mal.
Es más, para que te quede más claro aún, estás en una fiesta ( cualquier evento magnífico de los que organiza Javier Villa de Go eventos ) y te crees que eres divina como ellas, cuando de repente aparece otra mejor que tú, y lo peor no es esto, sino que aparece otra mejor que la anterior, con los cual tú, ya, para el resto de los mortales es que no existes, es que ya hasta molestas.
Son las que siempre están divinas y perfectas, y cuando les preguntas que hacen para estar tan maravillosas te dicen: «Nada, tampoco me cuido mucho, lo normal». Y un cuerno. Pues no, yo no me lo creo que quieres que te diga, no será yo quien lo ponga en duda.
Porque lo normal, para ellas, es ir todos los días al gimnasio, y machacarse en spinning, siempre apretadísima vestida de Nike y sin faltar ningún día. Yo a eso no llego. A mí me cuesta un mundo arrancar. Y un día me arranqué, me acordé de mis lorzas y me entró el remordimiento, y después del primer sprint y no dar pie con bola con los botones de la cinta de correr, acabé en el bar de la esquina, a cervezas, que a mí el deporte me da sed.
Están tan buenas que cuando las ves huyes hacia la otra punta de donde te encuentres porque tu presencia a su lado es por decirlo sutilmente, mísera e invisible. El único consuelo es pensar que están muy buenas pero son gilipollas. Lo típico que estás en un grupo, pasa una cañona, se para el mundo a su alrededor y tú inmediatamente miras las babas de todos tus amigos, pero como una es muy buena , suelta con elegancia y sentido común, la gran auto mentira: “No si la chica no es que sea mona, es que es monísima, las cosas como son, pero seguro que es antipática.”
Gran error, porque resulta que la guapísima no es creída que sería un gran alivio, sino que es simpatiquísima y encantadora, y tú quedas fatal. Además de guapa con buen gusto, estilosa, e Ingeniera no se qué ¿podría ser peor?. Por lo que tengo que asumir que la chica es una macizorra de las buenas y yo, pues no.
Mañana he quedado a comer con mi amiga la guapa y estupenda la Diva-nisima que yo le llamo, le he pedido que nos vayamos a un vegetariano, por eso del régimen que he empezado, que no lo entiende dice, que ella nunca ha hecho ninguno, y que como puedo comer con una salsa de manzana y un arroz integral, que a ella eso no le llena y se queda con hambre, porque se ve muy delgada y necesita engordar un poco. Y eso para mí es una crueldad que lo que me voy a comer voy a ser yo a ella.
Total, no es por nada, yo no seré divinisima, pero creo que tengo mi punto y mi rollo y mi público; mira, el otro día me entró el bajonazo, y antes de que me diera un siroco, me puse tibia de Kínder y sucedaneos, vacié el Zara, estrené todo lo apretado y me tiré a la calle. Oye fue salir, cruzarme con unos veinteañeros hormonados, y se quedaron muertos al verme y yo, muerta de las barbaridades que me soltaron.
Así que para que veas, me vine arriba y a mí ya, se me ha caído la venda y estoy de un creído que no me aguanto a mí misma porque yo, tampoco puedo entender cómo puedo ser tan mona.
PD: Dedicado a todas las mujeres en general, porque todas somos DIVINAS.
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