Las chicas son guerreras.

Si algo nos dejó claro la moda femenina durante años —y que sigue reapareciendo como el ex tóxico— es la tendencia militar. Esa que promete empoderamiento inmediato, fuerza interior y una seguridad que no siempre viene de serie.  Te la pones creyendo que vas de tendencia, pero ojo, que igual vas de tendenciosa. Porque ese falso glamour verde oliva recluta fans a miles y tiene un pequeño problema: Dentro de unos años puedes verte en una foto y no saber si estabas en un brunch cool o en el bar del pueblo después de un finde con tus colegas a  lo campero pero sin campo.

Y es que basta con ponerte una falda militar para que te entren ganas de ir a la guerra. Te plantas en el despacho de tu jefe, pides subida de sueldo y de paso le bajas los humos, porque vas de military chic y porque, seamos sinceras, la moda sirve para mimetizarte con lo que llevas. Te sientes guerrera. Literal. Muy guerrera. En verdad no tanto pero se intenta.

Llegas por la mañana, cuelgas tu parka militar monísima, ajustas la falda de tubo que no perdona y de repente te sientes una diosa corporativa. Vas por los pasillos con cara de “estoy hasta arriba”, como una noche de fiesta… pero de emails, pruebas fallidas de autenthicator, reuniones y excels. Apariencias de currar más que nadie, cual guerrillera de oficina con ojeras de combate. Y guerrillas de miradas.

Y si ya te marcas un abrigo de camuflaje, lo bordas. Militar glam, lo llaman. Que igual te vas a tontear con el buenorro de al lado y tan tranquila, porque total, pasas desapercibida. Con esconderte entre las plantas de la cafetería eres prácticamente invisible. Puede pasar la becaria, que no se le escapa nada, y ese día te confunde con el ficus. Sigilo nivel experto. El rollo, asegurado. El buenorro, no.

Pero si hay alguien a quien el look militar le ha hecho un favor enorme es a la calladita de ventas. La que no habla alto por no molestar. Un día aparece con un total look verde caza, gafas de aviador rollo Top Gun y actitud de “apartad que voy”. Su sueño desde que vio la peli: dejar de parecer buena chica, soltar las bailarinas y pasar de pija correcta a moderna peligrosa en un plis.Y eso sin ser influencer ni nada.

Y al final va de eso, es una cuestión de fe.. De creerte lo que llevas, de sentirte poderosa y en que eso, promete.Nos creemos que nos comemos el mundo porque nos venimos arriba, nos volvemos guerreras por un bolso, aunque sea  militar y ya nos sentimos reinas del mambo. Ojito, que las oficinas son más dura que una guerra… y aun así, todas vamos divinas. Guerreras de estética impecable, reinas sin trono ni permiso. Y sin coach ni looks de instagramers.

¡Que vivan las chicas guerreras!

PD: Texto resmaterizado del mismo post del año 2013 para Telemadrid.

Dedicado a mi amiga Amparo. la más guerrera.